DIARIO INKA:
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miércoles, 22 de diciembre de 2010
Diario Inka circula en edición impresa y digital en Internet
lunes, 13 de diciembre de 2010
“No se debió demoler el colegio San José”
Fotos: César Maguiña Gómez
Instituto de Investigación y Conservación – ICAM (icamperu@hotmail.com)
Vista del patio del Colegio Nacional San José. El Ministerio de Educación lo incluyó en el “Programa Nacional de Recuperación de las Instituciones Educativas Públicas Emblemáticas y Centenarias”. |
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Vista del interior del San José, durante la demolición de las estructuras internas para dar pasa a la remodelación. |
El especialista en conservación y restauración César Maguiña considera que se debió conservar la arquitectura original del Colegio Nacional San José. |
domingo, 12 de diciembre de 2010
"Quinientos años de fundación española de Anizo" de Marino Pacheco Álvarez
jueves, 9 de diciembre de 2010
Los poetas trágicos Chiclayo: Jelyl, Juan José Lora y Juan Ramírez Ruiz (*)

Poeta contestatario, radical, marginal y underground, Juan Ramírez Ruiz nació el 27 de diciembre de 1946 en Chiclayo, fundó el movimiento literario Hora Zero en la década del setenta, publicó tres poemarios intensos, pero decidió vivir sus últimos días en las calle. El vate peruano lamentablemente murió atropellado por un ómnibus interprovincial el pasado 17 de junio de 2007 en la Panamericana Norte, entre las ciudades de Trujillo y Virú. No portaba documentos personales al momento del accidente, y como nadie se enteró de su muerte en ese momento, fue sepultado como NN(1).
Sin duda, la trascendencia nacional y universal de su obra poética, lo sitúa como una de los poetas emblemáticos del Perú. Pero ante todo, él sigue representando a su “patria chica”: Chiclayo. Su partida hacia la eternidad, no sólo cierra una trilogía de poetas emblemáticos nacidos durante el siglo XX en Chiclayo, sino que retrata con fidelidad la cultura poco conocida de esta peculiar urbe del norte peruano, tantas veces desdeñada por otras culturas “oficiales”.
De hecho JRR se vincula a la tradición literaria peruana, pero, es evidente su filiación emocional con otros poetas chiclayanos que lo precedieron: José Eufemio Lora y Lora (“Jelyl”) y Juan José Lora Olivares, poetas de intenso registro lírico y que de alguna manera tuvieron una existencia marcada por la tragedia.
Y queremos ser enfáticos en esto: no se trata aquí de alimentar una imagen del poeta como un “rebelde sin causa” o un extravagante, menos aún promover la idea de que para ser poeta hay que ser un marginal o un “poeta maldito”. El poeta nace y se forja de acuerdo a su circunstancia personal, pero la Historia demuestra que la mayoría de poetas en el Perú y el mundo tuvieron una vida de sufrimiento y martirio, como los peruanos (por no citar casos del extranjero) César Vallejo, Martín Adán, Luis Valle Goicochea, Juan Ojeda, Luis Hernández, María Emilia Cornejo, Javier Heraud, Josemari Recalde… Y no sólo eso: estos vates fueron seres de carne y hueso, con sus virtudes y defectos, pero dejaron poemas que hoy trascienden más allá de nuestras fronteras.
Juan Ramírez Ruiz, que en 1971 publicó un poemario fundacional titulado “Un par de vueltas por la realidad”, fue chiclayano y nunca dejó de serlo, aunque en el conjunto de su obra las citas geográficas sobre Lambayeque son pocas. Su vinculación con Chiclayo la podemos rastrear en los poetas que lo precedieron.
Leídos en perspectiva, los poemarios “Anunciación” (París, Garnier Hermanos, 1908) de José Eufemio Lora y Lora (Chiclayo 1885–París 1907) y “Con sabor a mamey” (1962) de Juan José Lora Olivares (Chiclayo 1901– Lima,1961), son tributarios remotos de “Un par de vueltas por la realidad” (1971) -“libro de culto en el Perú, que no ha vuelto a ser reeditado ni en su país ni en el extranjero”, según se lee en wikipedia.com-, así como de “Vida perpetua” (1977) y “Las armas molidas” (1996), poemarios publicados en vida por JRR.
Sus destinos aciagos y melancólicos, son también una extraña y peruanísima coincidencia, que los enlaza con otros escritores mayores de nuestro parnaso como los poetas peruanos anteriormente citados y con el propio novelista José María Arguedas. Todos ellos se suicidaron o se “dejaron morir de a pocos”. No queremos hacer una apología del suicidio y la marginalidad, porque definitivamente para ser poeta no ha que matarse; son otras motivaciones personales las que tuvieron y que no son materia de este ensayo.
JRR tiene un justo sitial en la historia literaria por ser el co-fundador y principal teórico de Hora Zero en la década del 70, el movimiento poético peruano más importante de fines del siglo pasado, que impuso un cambio radical en la poesía peruana y latinoamericana con su concepto del “poema integral”, y de cuya “mundialización” actual dan cuenta, además de blogs y web sites especializados, una serie de monografías, textos críticos, antologías literarias y tesis doctorales en universidades del Perú y el extranjero. Sus “Palabras urgentes” son un manifiesto contundente que reclamaba para la poesía el acceso de la calle, los seres cotidianos, la palabra coloquial y descarnada, junto con la preocupación social.
A una obra sólida y consistente, innovadora y vital, JRR suma otra actitud frecuente en los grandes poetas: una renuencia a la fama y un autoexilio personal. Él optó por fundirse en el anonimato. Su ética individual y su filosofía existencial nos dejan desconcertados, tanto en la dignidad como en el orgullo con que vivió sus últimos días, transfigurado casi en un ángel indigente. No es casual: en la mitología antigua, algunos dioses se disfrazaban de mendigos para probar la fe de los humanos. “¡Basta de homenajes!”(2), fue la frase que JRR pronunció un mes antes de morir en los médanos de Virú. Esas palabras lo retratan tanto como su poesía escrita.
En JRR confluyen otras dos características de los poetas geniales: calidad literaria y una vida cercana al mito. Es lo que se llama, un poeta de culto. Pero, como decíamos líneas arriba, JRR tiene una patria chica a la que le ha dado brillo y esplendor: Chiclayo. Podemos aventurarnos a decir lo siguiente: si desde la arqueología, el descubrimiento de la tumba del Señor de Sipán contribuyó a llamar la atención sobre el pasado prehispánico de la región Lambayeque, la obra literaria de Juan Ramírez Ruíz reinventa a Chiclayo como el nuevo mito literario peruano, a la altura del Santiago de Chuco de Vallejo, el Barranco de Eguren o la Lima de Luis Hernández. Pero, reiteramos, es la poesía de Ramírez Ruiz, la que sobrevivirá (o acompañará) a su mito, como dos caras de una misma moneda.
CHICLAYO Y SUS ÍCONOS CULTURALES
Con JRR, Chiclayo refuerza su singularidad y una categoría literaria que le viene por estirpe propia, fruto de su historia. Actual eje económico y comercial del nororiente peruano, Chiclayo no tuvo una fundación española, a la usanza de otras ciudades como Lambayeque, Ferreñafe o Zaña, pero su origen en el siglo XVI, durante los albores del Virreinato, está bien documentado por el historiador lambayecano Jorge Zevallos Quiñones(4). Chiclayo se distingue por su aire festivo y campechano, sus yacimientos arqueológicos, su comercio intenso, su gastronomía y su música popular, sus compositores como Luis Abelardo Takahashi Núñez, escultores como Miguel Baca Rossi, o el propio escritor Nicanor de la Fuente Sifuentes “Nixa” –pacasmayino radicado en Chiclayo, que falleció a los 107 años. Ellos son un botón de muestra. Incluso Chiclayo y Piura se disputan ser la cuna de Enrique López Albújar, autor de “De mi casona”, “Los caballeros del delito” y la famosa “Matalaché”, entre otras obras. Además, en Chiclayo está la gran tradición de los “decimistas” populares de Zaña, como Leyva y Oscar Colchado (ver: “La otra historia: Memoria colectiva y canto del pueblo de Zaña". Luis Rocca Torres, Instituto de apoyo agrario, Lima: 1985).
Pero Chiclayo siempre representó más que eso, mientras sus manifestaciones culturales eran joyas de círculos especializados, su poesía se robustecía en el silencio. Acaso lo más conocido fue siempre su arqueología, con íconos como el tumi de oro Íllimo, historias de huaqueros en Mataindios, Úcupe, Siete Techos, Pampa Grande u Ollotún, así como las haciendas azucareras de Cayaltí, Pátapo, Tumán, Pucalá y Pomalca. Igualmente, no es casual que Hans Heinrich Brüning desde que arribó al Perú en 1875 haya vivido largas décadas Lambayeque realizando labores de etnógrafo y arqueólogo (4) o que un novelista limeño, Carlos Camino Calderón, haya ambientado en estas tierras su excelente novela “El daño”. Asimismo Chiclayo tiene otros íconos en los libros “A golpe de arpa” (1935), recopilación de mitos lambayecanos de Augusto León Barandiarán y Rómulo Paredes, “Puerto cholo”, de Mario Puga Imaña (1915-1959). De hecho, una ciudad con rol protagónico en la literatura.
RAMÍREZ / JELYL / LORA
En medio de este panorama, nació el poeta JRR, heredero de estas corrientes, aunque JRR se distingue por su actitud contestataria y fundacional. En la tradición poética de Chiclayo, el poeta José Eufemio Lora y Lora (JELYL) abre el siglo XX con “Anunciación”, verdadero debut y despedida con tonos del romanticismo, pues moriría en Paris atropellado antes de ver la madurez. Su poema “Piedad” se deja leer como una triste elegía: “Sea hoy, Señor, mi compasivo ruego / el del viejo filósofo eleusino / por el perro que ladra en el camino / por el peñasco que desciende ciego. // Piedad, Señor, piedad para la pena / que hizo vibrar el hierro al asesino, / para el vino maldito, para el vino / cuyo sorbo final está en el Sena. // Y para el pensamiento que en la noche / sin bordes de la Nada quedó preso / antes de hallar su verbo cristalino; / como la flor helada antes del broche, / como el amor extinto antes del beso, / como el canario muerto antes del trino”.
Asimismo, el poeta Juan José Lora Olivares es partícipe de ese mismo destino. Prisionero en El Frontón por su militancia política y víctima de la adicción a la morfina(5), supo transfigurar su tragedia personal en los versos de tono popular y modernista de su poemario “Con sabor a mamey”, editado en 1961 por Juan Mejía Baca, un verdadero clásico de la “chiclayaneidad”. El poema “Retorno”, leído luego de la muerte de JRR, puede funcionar como el epitafio perfecto: “Este era el triste caminando alegre / por pueblo sin calles, casa entera. / No estaba en el balcón la primavera / y él silbaba para que saliera. // Seguía el triste caminando alegre. / Puso su pena en linda pajarera, / más, chiroque, rebelde a su manera, / murió sangrando miel algarrobera. // ¿Cómo era el triste caminando alegre? / lo juro, madre, yo no sé como era; / pero lo siento como si lo viera; era un fantasma de bendita cera. // ¿Ya no es el triste camino alegre? / Si lo es: ¡Yo soy! Y me sabrá quienquiera / baile con su alma, sola y compañera, / esta nostalgia que me atondera. // Yo soy el triste, caminando alegre, / que canta por Chiclayo en esta espera / universal retorno y primavera, / por si Chiclayo desapareciera”.
Sin duda, Juan Ramírez Ruiz, al margen de ser uno de los poetas peruanos más significativos, es también el poeta de Chiclayo por antonomasia. “Solitario”, uno de sus últimos poemas, perteneciente a s último libro “Las armas molidas” (Arteidea, 1996) y reeditado el verano de 2004 en la revista literaria “Don Loche”(6) fue acaso su más nítida premonición:
“Solitario -en una duna interminable
agoté mi cuerpo
colocando un poro mío en cada estrella...
Y ahora es remoto el aire-
y cercano al estante de los médanos...
Hablo incendios y estallidos...
En cada ojo tengo tres tristezas...
En cada día nuevas noches...
Estaba yo pensando –
y de pronto la tierra se hospedó en mi cuerpo” (JRR).
Más allá de las circunstancias trágicas de su muerte, definitivamente, Chiclayo y el Perú entero están en deuda con Juan Ramírez Ruiz: la publicación de su obra poética completa es un compromiso pendiente.
ESQUINA SIETE DE ENERO Y SAN JOSÉ
(Poema de Juan José Lora Olivares en “Con sabor a mamey”, 1962)
Poste de luz, compañero,
cuántas cosas por ti sé;
y tú me sabes sincero
esquina Siete de Enero
y San José.
Alumbrabas mi sendero
¿Y qué pasó?, algo fue.
Pero ¿quién no es pasajero
esquina Siete de Enero
y San José?
Ayer, sobre tu madero
mi corazón te grabé;
y el tuyo lo llevo entero
en mi cruz; Siete de Enero
y San José.
Poste de luz, compañero,
junto a ti mi verso en pie,
mientras yo doblo el sendero,
esquina Siete de Enero
y San José...
NOTAS
(1) El mayor PNP Oscar Zavala Távara, lideró el grupo policial que, tras una paciente investigación de varios meses, pudo identificar al poeta a partir del examen de las huellas necrodactilares, que el poeta Juan Ramírez Ruiz fue atropellado por un ómnibus interprovincial.
(2) Con estas palabras textuales, JRR rechazó seguir aceptando ayuda en Trujillo, en mayo de 2007. Poco tiempo después, se dio cuenta del estado de indigencia en que se encontraba el poeta a través de una carta abierta en Internet, inicialmente acogida en el blog Sol Negro, de Paul Guillén, gracias a un reenvío de la misiva hecho por el poeta Miguel Ildefonso. Tanto el “camino” elegido por el poeta, las circunstancias de su muerte, así como la odisea de su búsqueda conforman un capítulo aparte de esta historia.
(4) El ingeniero alemán Hans Heinrich Bruning (1848-1928) arribó al Perú en 1875. Vino a trabajar como mecánico de los nuevos ingenios azucareros a vapor. Apenas se contactó con los pobladores, se interesó en estudiar a la cultura muchik. Publicó el libro “Estudios monográficos del departamento de Lambayeque” (Librería e Imprenta Mendoza, Chiclayo, 1922). El Museo de Hamburgo conserva las placas fotográficas originales de vidrio, así como cilindros de cobre con grabaciones directas de la lengua mochica y libretas de campo.
(5) Cfr. “Nixa en el siglo. Hombres y hechos en la historia de Chiclayo (Conversaciones)”. Ghely Villanueva Díaz. Ediciones Acunta, Chiclayo, 1997. En esta extensa entrevista, el escritor Nicanor de la Fuente Sifuentes ofrece datos importantes para conocer a Juan José Lora, cuyos libros “Diánidas” y “Lydia” siguen inéditos. Por su valor intrínseco, escogemos este fragmento: “(…) Una vez le comenzó unos dolores de cabeza terribles, entonces en el hospital Belén un médico lo vio y le dijo: ´Al fin le voy a cortar el pelo a un pelucón´, y lo operó. Parece que por ese tiempo consumía drogas y un día un amigo lo llevó, pero cuando le faltó se escapó sin que le cerrara la herida, por eso le quedó una fístula ahí. (…). Él estuvo preso (…) Ahí se puso mal porque necesitaba droga, entonces esa tarde dispuso que lo llevaran al hospital en donde le pusieron morfina”
(6) “Solitario”, de JRR. En: “Las armas molidas” y posteriormente Don Loche, Año II, No. 3. Sindicato de Poetas sin Trabajo – Sismo Poético Resistente. Chiclayo, Perú, Verano de 2004 (edición artesanal).
(*) Artículo también publicado en edición impresa en el Semanario Expresión Nº 695, Chiclayo semana del 9 al 16 de diciembre de 2010.
martes, 7 de diciembre de 2010
Oscar Allaín: “Chiclayo es fuente inagotable de cultura”
Texto: Nivardo Córdova Salinas (nivardo.cordova@gmail.com)
Fotos: Alfredo Allaín Santisteban y Guillermo Fowks
Chiclayo y los chiclayanos no son sólo una viva estampa de color y de formas, presente como tema recurrente en la obra del artista plástico Oscar Allaín. Chiclayo también es parte de su experiencia vital del creador.
Chiclayo y el artista plástico Oscar Allaín Cottera son un binomio inseparable como las dos caras de una moneda. A esta ciudad lo unen muchas experiencias y recuerdos, de amigos y compadres, jaranas de guitara y cajón, conversaciones con pescadores de San José y mujeres floristas de Monsefú, que el pintor ha inmortalizado en muchas pinturas.
Allaín –a quien visitamos en su taller limeño del jirón Succha, en Breña- recuerda que residió en la ciudad de Lambayeque durante su adolescencia, debido a que su padre fue militar que estuvo destacado en esa ciudad por varios años.
Estos son los años de la educación sentimental del artista y de sus primeros bocetos y dibujos. “Fue en Lambayeque donde descubrí mi vocación artística. Mi padre era un peruano muy sensible a la cultura, pero obviamente había siempre en los mayores una mirada de incertidumbre respecto a la vida del artista, pues se pensaba que el arte te llevaba a una vida bohemia. Pero mi padre, al enterarse de que yo quería ser pintor, me apoyó para seguir la carrera de bellas artes”, afirma.
CHICLAYO DE MIS AMORES
Años después el pintor regresaría al norte. De acuerdo con lo que afirma Allaín, su vinculación emocional e intensa con Chiclayo se inicia al conocer a su fallecida esposa Yolanda Santisteban Vásquez, dama chiclayana de finísima voz para la música criolla, madre abnegada y compañera fiel del artista.
Al hablar de ella la nostalgia ilumina su rostro, y a cada frase evocadora le sigue un minuto de silencio. Doña Yolanda falleció hace unos años en Lima, dejando un vacío infinito en su vida, y que lo obliga más a refugiarse en el único espacio que no le resulta solitario: su atelier de artista en Breña.
Confiesa que fue su esposa, chiclayana de nacimiento y cantante, quien lo unió más con la ciudad norteña, donde sembró la amistad de artistas como el centenario escritor Nicanor de la Fuente Sifuentes "Nixa", así como los poetas Ricardo Rivas Martino, Alfredo José Delgado Bravo, Max Dextre y Alfonso Tello Marchena.
Hay un hecho muy importante. En Chiclayo nació, vivió, trabajó y falleció uno de los hijos del pintor: el famoso y recordado mimo Yulo Allaín. "Mi hijito querido, era un artista grande, y también pintaba muy a su manera cosas preciosas". Iguales palabras de padre orgulloso tiene para con sus otros hijos, el fotógrafo y periodista Alfredo Allaín y el cajoneador César, quien también realiza incursiones en la poesía. Otra de sus anécdotas chiclayanas es que alguna vez trabajó en Radio Delcar como locutor. “Pero esa es otra historia…”, afirma.
CON NIXA Y ALFREDO JOSÉ DELGADO
“La poesía de Nixa siempre me pareció una verdadera pintura con palabras, por su ritmo, colorido y metáfora. ¡Y qué manera de retratar a Chiclayo! La lectura de su poemario ´Las barajas y los dados del alba´ marcó un capítulo importante en mi búsqueda artística”, señala. Allaín recuerda mucho a Delgado Bravo, quien generosamente escribió muchas veces los comentarios críticos en los catálogos de las exposiciones.
Uno de los cuadros de Allaín se llama “El despenador”, un personaje que antaño existió en el norte, generalmente un cholo recio y caritativo, de buenas costumbres y querido por su comunidad, que cumplía el trabajo de “ayudar” a morir en paz a las personas que agonizaban con enfermedades terminales y dolorosas.
“Alfredo José me comentó una anécdota sobre un despenador. Una vez fue a cumplir un encargo de un paciente moribundo. Al parecer, la torción de cuello esta vez no resultó efectiva, o simplemente no era su hora de morir, pero el moribundo empezó a mejorar y se recuperó del todo. Años después a él le tocó ayudar al despenador a pasar a mejor vida…”, recuerda.
En todo caso, la noticia del fallecimiento del poeta Alfredo José Delgado lo sobrecogió. “Era un gran intelectual del Perú, universal sin dejar de ser regional”, dice
CHICLAYO COMO “LEITMOTIV”
Pero el sabor popular de los chiclayanos modestos, los pescadores artesanales, los agricultores, los cargadores del Mercado Moshoqueque, las vendedoras de pescado del Mercado Modelo, los cantores de “La esquina del movimiento”, las picanterías de Monsefú, todos ellos han sido retratados en sus cuadros de sabor peruanista. Y por qué no decirlo: de sabor chiclayanista.
Al igual que José Sabogal, el fundador de la corriente pictórica denominada como “indigenismo”, fue el primer pintor en retratar “a los peruanos y al Perú”, se puede afirmar que con Oscar Allaín, el paisaje natural, humano y cultural de Chiclayo y el norte adquieren la categoría de un “leitmotiv”, de tema e inspiración creadora. Para no ser injustos ni excluyentes, vale señalar que el artista ha incorporado a su imaginario pictórico el paisaje costumbrista de Piura, Sullana, Catacaos, Paita, Yacila, La Legua, Chulucanas, Pimentel, Olmos, Santa Rosa, San José, Ferreñafe, Eten, Reque. Y la lista continúa…
CON LUIS ABELARDO NÚÑEZ EN FERREÑAFE
En el campo de la poesía popular y la música tradicional costeña, Allaín no puede ocultar una tristeza y nostalgia al evocar a su compadre y amigo, el compositor criollo y poeta Luis Abelardo Takahasi Núñez, quien falleció en 2006 en Japón y fue sepultado en Ferreñafe, tierra natal del autor de hermosos valses peruanos "Ansías", “Con locura”, “Engañada”, “Cuando habló el corazón”, “Mal paso”; la marinera “Sacachispas” y aquel “himno” de golpe tierra titulado “¡Que viva Chiclayo!”.
"Con él hemos sido como hermanos. Era un verdadero poeta, sus finas letras y emotivas melodías son universales. Con él cantábamos juntos, él tocaba excelentemente la guitarra y me enseñaba siempre sus composiciones", recordó. Como recuerdo de esa amistad, Allaín nos muestra un raro ejemplar de un libro de anécdotas ferreñafanas, escrito y editado por el bardo criollo en Japón.
Luis Abelardo obliga a un vals. Y como en el taller de Allaín no falta ni guitarra ni cajón, la jarana se arma apenas llega el experimentado guitarrista Cesar Calderón, vestido con saco celeste y pelo engominado, y cuyos acordes resuenan en el alma. Allaín, que solía cantar siempre con Luis Abelardo y el pintor Ángel Chávez, esta vez hincha el pecho para cantar el triste “El puente”, considerado como el uno de los más hermosos del cancionero nacional: “Al otro lado del puente / un nuevo cielo me espera/ yo voy a cruzar el puente / aunque al cruzarlo yo muera. / Y si yo logro cruzarlo / será mi mayor consuelo / la muerte no será muerte / no hay muerte bajo ese cielo (…) Allí las aves son libres / anidan en los laureles / hay rosales sin espinas / y los árboles no mueren / los ríos no tienen dueño / ni las montañas tampoco / todos aplacan su sed / bebiendo en la misma fuente. / ¡Dígame, si no hay razón! / ¡Para que yo cruce el puente!”.
CON LOS PINTORES
Allaín es un convencido de que el Perú tiene una gran tradición estética y artistas de proyección universal. Recuerda a la desaparecida pintora nacional Tilsa Tsuchiya, "con quien salíamos al campo a pintar al aire libre". Además exalta el trabajo de pintores como Juan Manuel Ugarte Eléspuru, Sabino Springett, Sérvulo Gutiérrez y Víctor Humareda. En Chiclayo destaca la obra de Barturén.
Con el pintor iqueño Sérvulo Gutiérrez -quien llegó a representar al Perú en un Panamericano de boxeo- comenta que lo unía una gran amistad, no sólo en la bohemia artística sino en el deporte de los puños. "Él estuvo muy cerca de mí cuando yo tuve un paso fugaz por el boxeo, esas cosas de muchachos. En un cotejo donde yo pelaba con un contrincante mejor que yo, le pedí que aviente la toalla. Pero cuando sonó el gong, me aventó a mí…", dice riendo.
Y sobre el pintor Víctor Humareda, artista puneño que se refugió a vivir en un hotel en La Parada, donde realizó su extraordinaria obra pictórica, recordó que fue su gran amigo. "Fui una de las personas más cercanas a él. Lo siento así y puedo respaldar esa afirmación. Humareda era un pintor muy excéntrico, pero un artista extraordinario", dijo. Recuerda que vivieron juntos y pintaban juntos. "Lo conocí en algunas exposiciones colectivas que realizábamos, y luego él me orientó y aconsejó cuando rendí mi examen de ingreso a la Escuela Nacional de Bellas Artes, donde me decía sácale un brillo por aquí, dale más luz acá… Era un artista excepcional", sostuvo
Pero si hay un pintor peruano por el que siente especial cercanía es el trujillano Ángel Chávez. “Es como un hermano para mí, y creo que es el pintor peruano más grande de todos los tiempos”.
Allaín sigue pintando, como un obrero intelectual, con predilección por los temas peruanos, la marinera, las jaranas criollas, escenas de pesca, paisajes urbanos y campestres, así como también temas sociales y cotidianos. Además escribe poemas en libretas, textos que todavía están inéditos. Su estilo mantiene su esencia, pero ha logrado un lenguaje personal, donde predomina el color explosivo y la estilización de las figuras humanas.
Entre los recuerdos y la vida presente, el artista permanece como un roble.
viernes, 3 de diciembre de 2010
Museo Afroperuano de Zaña reconstruyó marimba del siglo XVIII
Eriberto Marret y Hugo Quiñónez, artistas de Esmeraldas (Ecuador), reconstruyeron la marimba en Zaña.
Fotos: Sonia Arteaga (directora del Museo Afroperuano de Zaña) y Unframe / Texto: Nivardo Córdova Salinas
El Museo Afroperuano de Zaña tiene un nuevo motivo para enorgullecerse: después de haber estado extinguida durante dos centurias -desde el siglo XVIII a la fecha- esta institución logró reconstruir la “marimba”, instrumento de percusión parecido al xilófono y que era tocado antaño por los afrodescendientes, tarea que contó con la cooperación de músicos procedentes de Esmeralda (Ecuador) y expertos del Perú.
Bajo el lema “"Uniendo los espíritus de la diáspora africana", el Museo Afroperuano de Zaña, dirigido actualmente por Sonia Arteaga, fue creado hace poco más de un lustro: el 29 de marzo del 2005, por iniciativa del sociólogo Luis Rocca Torres -actual director de Patrimonio Cultural del museo- y un grupo de entusiastas intelectuales, artistas y pobladores zañeros. Como se sabe, Zaña es un pueblo de raíces africanas, porque durante el Virreinato fue un importante centro de inmigración de hombres y mujeres que llegaron desde el África desde el siglo XVII en condición de esclavos para trabajar en durísimas y hasta inhumanas condiciones en las haciendas costeñas.
A Zaña llegaban los africanos principalmente a través el puerto de Chérrepe. En estas tierras nos legaron no sólo el sagrado sudor de su trabajo sino también su cultura y tradiciones. En el Perú, son bastiones de la cultura afroperuana y afroandina las ciudades de Llapateras (Piura), Zaña (Chiclayo) y Chincha (Ica) y hoy son varias instituciones las que tratan de reivindicarlos por ser un componente esencial de la cultura peruana.
El MUSEO AFROPERUANO
Una de esas entidades que defienden y reivindican la cultura negra en todos sus aspectos es el Museo Afroperuano de Zaña, ubicado en la calle Independencia 645 de esa ciudad, “institución que se dedica a la investigación, salvaguardia y difusión del patrimonio cultural material e inmaterial de los afrodescendientes en el Perú con una perspectiva continental”, según se lee en su página web www.museoafroperuano.com. Para mayores detalles, y según información de esta página, “el museo cuenta con cinco salas y una colección de antiguas carretas. Las primeras salas exhiben fotografías, acuarelas, pinturas, dibujos, manuscritos que esbozan la secuencia histórica y la presencia de los afrodescendientes en la cultura peruana. La tercera sala muestra el legado artístico y musical de los afrodescendientes, mediante una valiosa colección de música afroperuana y afroamericana e instrumentos musicales. La sala afroandina pone de manifiesto la historia y las diversas expresiones que representan las relaciones interculturales entre africanos y pueblos originarios andinos del Perú. Finalmente, la sala de tortura presenta instrumentos que fueron empleados para castigar a hombres y mujeres en la época de la esclavitud. Este museo es el primero en su género en el Perú. Es una institución de culturas vivas dedicada a la conservación, estudio y exhibición de la vida, lenguajes, literatura, historia, música y arte de los pueblos afroperuanos y su relación con otras etnias”. El museo además cuenta con una biblioteca especializada.
AL RESCATE DE LA MARIMBA
En el campo de la música, o si se quiere de la etnomusicología, el Museo Afroperuano está empeñado en rescatar antiguos instrumentos afroperuanos que estaban en vías de extinción. Ya lo han hecho con el tronco afroperuano, el checo (incluso el proyecto incluyó la siembra de semillas de calabazas –de la familia de las cucurbitáceas- para fabricar el aparejo), el tambor de botija con cuero de chivo y ahora la marimba.
Según la enciclopedia virtual Wikipedia (http://es.wikipedia.org/wiki/Marimba), la marimba “es un instrumento de percusión, un idiófono, de forma parecida al xilófono. Consiste en un paralelepípedo de madera con una boca superior cuadrangular recogida por los bordes y que ensancha en la parte superior y se estrecha en la parte inferior hasta cerrarse en forma piramidal. Posee una serie de tablas delgadas (lengüetas sonoras) de distintos tamaños, dispuestas de mayor a menor, excavadas por la parte inferior. Estas lengüetas tienen perforaciones en sus extremos, y por esos orificios se atan con cordones que las sostienen suspendidas de clavijas verticales, fijas en un armazón trapezoidal. Cada tecla tiene su propia caja de resonancia”.
La marimba moderna es la conocida como “marimba cromática”, que surgió a partir de la marimba diatónica local que tuvo su origen en el “balafón” que los africanos construyeron en América. Instrumentos parecidos a la marimba son el xilófono, el vibráfono y el glockenspiel (o lira)
Por referencias historias, se sabía que en el norte del Perú, los afrodescendientes tocaban un tipo especial de marimba. La referencia gráfica más notable con que se contaba –acaso la única en su género- era una estampa titulada “Negros tocando marimba” (Nº 142), perteneciente a la serie de acuarelas del Obispo Baltazar Martínez de Compañón y Bujanda, quien desde el Arzobispado de Trujillo realizó en el siglo XVIII la esforzada tarea de dibujar flora, fauna, costumbres, mapas y planos del las principales ciudades y pueblos del norte peruano.
Según la información proporcionada por el Museo Afroperuano: “en la imagen mencionada se podía percibir que la marimba estaba confeccionada con una caja rectangular, que era colocada en el suelo y dos músicos la tocaban con palitos, de rodillas frente a frente. Realmente era muy raro el tipo de instrumento y la forma de ejecución”.
Con esta premisa, el Museo Afroperuano de Zaña se lanzó a la difícil pero no imposible tarea de reconstrucción de la marimba del siglo XVIII, para lo cual contó con la cooperación de varios especialistas e instituciones internacionales y nacionales. “Por la importancia de la reconstrucción, el Museo Afroperuano de Zaña hizo consultas a los artistas de Esmeraldas Hugo Quiñónez y Eriberto Marrett, pues en el pueblo de Esmeraldas hay una tradición ancestral en la confección y práctica musical de la marimba” señalan. También contribuyeron con sus valiosas orientaciones el investigador y artista peruano Rafael Santa Cruz y los especialistas en marimba africana Santiago Michael y Gabriel Amadeo.
Asimismo, con la participación de Luis Páez y Amelia Castelli, representantes de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), con sedes en Ecuador y Perú respectivamente, el museo logró gestionar el viaje de los artistas esmeraldeños Hugo Quiñónez y Eriberto Marrett quienes llegaron a Zaña-Perú el 22 de octubre y luego de un arduo trabajo concluyeron la reconstrucción de la marimba el día 28 del mismo mes. La crónica de su trabajo, citada en la web del museo es toda una odisea: “Ellos afinaron cuidadosamente tecla por tecla el instrumento y finalmente el profesor Quiñónez y la joven peruana Rosa Yampufé, lograron interpretar con la marimba una antigua melodía esmeraldeña titulada “Andarele vámonos”. Simultáneamente a este proceso los artistas enseñaron a tocar marimba a jóvenes norteños en un taller de capacitación.
El 28 de octubre se hizo una ceremonia pública de presentación de la antigua marimba en el local del Museo Afroperuano con participación de Carlos Mendoza, Director Regional del INC- Lambayeque quien apoyó la iniciativa de la presencia en Zaña de los artistas esmeraldeños”.
Cabe señalar que sobre el proceso de reconstrucción de la marimba hay un acta, fotografías y un video (realizado por la productora española Unframe) que ha sido colgado en Internet en el canal de videos youtube (www.youtube.com/watch?v=iqrrfEZx_XQ)
Definitivamente la reconstrucción de la marimba peruana por parte del Museo Afroperuano de Zaña es un logro importante, que se suma al de investigadores en el mundo para rescatar estos sonidos ancestrales.
MÁS SOBRE LA MARIMBA EN EL MUNDO
Según Wikipedia, de las primeras marimbas que se tiene conocimiento están de las marimbas de aro o arco,” consistentes en un teclado de madera de hormigo, colocado sobre un marco de otra madera (pino o cedro) con un cincho de tela que le servía al ejecutante para «colgársela» y poderla así tocar en forma portátil; tenía calabazas que le servían de cajas de resonancia”.
Añade que posteriormente apareció la marimba «sencilla» que produce escalas diatónicas únicamente, con cajas de resonancia y con un teclado en donde ejecutan tres o cuatro personas (según su tamaño); este conjunto lo agrandaron agregándole una marimba pequeña que recibió el nombre de tenor, en la cual ejecutan dos o tres personas; fue así como se conoció el instrumento hasta inicios del siglo XX, en que aparecieron las primeras marimbas de doble teclado. Al par de marimbas sencillas (una grande y una pequeña) se les dio el nombre de «marimba cuache».
En la actualidad algunos marimbistas profesionales que ejecutan el instrumento a base del solfeo, hacen arreglos en los cuales cada ejecutante toca un papel distinto; esto ha venido a complicar la ejecución del instrumento, pero le da más encanto y lucidez.
La enciclopedia virtual añade que las teclas de la marimba se hacen de una madera especial llamada hormigo Platymiscium dimorphandrum, según algunos Triplaris tomentosa (Polygonacaeae). Las características principales que conlleva al uso en la fabricación de este instrumento musical son la facilidad de trabajar en ella, la dureza y resistencia a los golpes, y la producción natural de un sonido peculiar. La construcción de las primeras marimbas fue de sólo escalas diatónicas (que son las escalas que producen los pianos, las melódicas o pianicas cuando únicamente se utilizan las teclas blancas) y se les dio el nombre de «marimbas sencillas». En ellas, para bemolizar un sonido (lo que los marimbistas llaman «transportar»), los ejecutantes pegaban una bolita de cera en un extremo de la tecla, bajándole así medio tono.
En cuanto a las cajas de resonancia: Wikipedia dice que “actualmente se hacen de madera de cedro o ciprés, afinadas de acuerdo con la tecla y con una membrana pegada con cera en el extremo inferior, lo que permite el «charleo» o vibración que facilita la prolongación del sonido. La fabricación de cada una de estas cajas de resonancia conlleva un proceso muy parecido al de la guitarra.
La tela utilizada para producir el sonido se adquiere de los intestinos de cerdo a través de un proceso”, y el material de estas baquetas es de madera de guayabo y hule específico, intentando buscar la firmeza del palo y suavidad del bolillo. La Mesa: Se fabrica con madera común, puede llevar finos acabado y el nombre grabado en ella.
Durante el siglo XX el compositor Harry Partch escribió numerosas obras para marimba y modificó el instrumento para adecuarlo a sus necesidades expresivas. Steve Reich también se ha destacado por sus composiciones para marimba. Tom Waits también empezó a utilizar marimbas en su famoso disco "Swordfishtrombones", y desde entonces no ha dejado de usarlas. En Costa Rica se decretó como el instrumento nacional.