NIXA, el hombre de los grandes recuerdos



Con el gran poeta y periodista pacasmayino Nicanor de la Fuente Sifuentes, más conocido como NIXA
(San José de la Bellavista, 16 de septiembre de 1902 - Chiclayo, 15 de marzo de 2009).
La fotografía se tomó en el año 2000, en el Semanario Expresión, de Chiclayo, en la calle 7 de enero,
 durante una de las visitas de NIXA para corregir las pruebas de imprenta de uno de sus libros.




ENTREVISTA: Guely Villanueva (*)

Nicanor de la Fuente Sifuentes, Nixa (San José de la Bellavista, 16 de septiembre de 1902 – Chiclayo, 15 de marzo de 2009) gran escritor y periodista peruano, el único que escribió hasta los 106 años de edad. Es autor de Las Barajas y los dados del alba (1938), La perla de los romances (1940), El libro de los tránsitos eternos (1943), El aire y otros poemas (1965), Huacatil (1966), Paisajes para colgar en la pared (1969), La broma de los romances y el soneto (1992), Jacinto Peje y otras audiencias (1992), y Tres Poemas, donde están incluidos: El naipe de los vientos, Tu casa, tu calle y otros impedimentos y El columpio de las horas. Durante muchos años publicó la columna «A propósito» en el diario La Industria de Chiclayo, Perú. Nixa, nació en San José de Pacasmayo en 1902, pero ha radicado en Chiclayo desde su juventud, y con justicia ésta ciudad es su segunda patria. En este fragmento de la entrevista realizada por Guely Villanueva, tomado del libro tomada de Nixa en el siglo. Hombres y hechos en la historia de Chiclayo (Conversaciones), se deslizan numerosos personajes por la memoria del autor de “Anécdotas de Chiclayo”.

– (…) En esos años, aquí en Chiclayo, ¿cómo era la vida intelectual…usted se relacionó con algunos personajes?

– Por ejemplo, cuando llegó Abraham Valdelomar, el mismo año 18, yo tenía 16. También estuve en la conferencia de Chocano en el Teatro Dos de Mayo. Recuerdo mucho que Chocano no recitaba porque no sabía de memoria sus versos, leía y cuando salieron al patio Abelardo Pita y Armas quiso levantarlo en hombros y él se molestó mucho con eso, no aceptó. En cambio a Valdelomar lo sacaron en hombros del Dos de Mayo, lo llevaron al Royal Hotel, que quedaba a un costado de la Catedral1, y allí habló al pueblo de Chiclayo. (…)

– ¿Qué más recuerda de la visita de Abraham Valdelomar a Chiclayo?

– Para mí fue algo maravilloso. El Teatro Dos de Mayo vibró desde sus primeras palabras, cuando dijo: “Hermanos en Jesucristo”. Los aplausos lo interrumpieron clamorosamente en muchos pasajes de su larga disertación. El público estaba formado por obreros y estudiantes y al terminar lo llevaron en hombros hasta el Royal Hotel… Desde el balcón interior habló nuevamente haciendo evocaciones de su infancia, sobre los derechos del obrerismo, la responsabilidad de los gobernantes y muchas otras cosas que conmovieron a la masa. Cuando terminó hubo una pequeña reunión, creo que yo era el único que con Juan José Lora escuchábamos a los mayores y a él que hablaba por encima del silencio. (…)

– Parece que por ese tiempo Enrique López Albújar escribe “Calderonadas”, en el cual recoge estampas de Chiclayo.

– Sí lo conocí y fui muy amigo de López Albújar y guardo unas cartas de él, porque nos escribíamos.

Cuando salió de Chiclayo yo pronuncié el discurso de despedida  y de ahí nos fuimos a su casa en la calle de Santo domingo, una calle que era descalza, no tenía “zapatos”, porque era una calle de barro, todo de tierra. Entonces nos invitó un pisco que alguien le había regalado. “No tengo más que invitarles que este pisco”, nos dijo.

– ¿Y ya usaba usted el seudónimo de Nixa? ¿Cuándo comenzó a usar el seudónimo de Nixa?

– Yo lo usé en el periódico “La Tarde” que reeditó don Eulogio Arenas, ahí nos dio una página literaria y ahí publiqué mis versos. Yo firmaba Nixanor y un día veo que sale el periódico y ya no decía Nixanor sino simplemente Nixa. Así que fui donde don Eulogio y le digo, “Qué ha pasado”. “No sé”, me responde. “Pregúntale al gerente, él ha hecho eso”; así que fui y le digo “Qué cosa pasa con eso”. “Vea señor, mejor queda Nixa que nor, ¿para qué poner nor, pues?”. Y desde ahí resulté siendo Nixa. Lo curioso del asunto es que cuando fuimos a un congreso de periodistas en Piura, en Marcavelica, nos dieron un gran almuerzo, fue el prefecto Jorge Checa Eguiguren, y Antonio Olivos que trabajaba en La Crónica y formaba parte de la delegación de Lima, hizo una presentación de los periodistas que habíamos asistido y dijo, “Aquí también está el poeta Nixa, cuyo seudónimo fue tomado de un cacique Mochica de Chiclayo”, ja, ja. (…)

– ¿Qué vinculación tuvo usted con José Carlos Mariátegui?

-El origen de mi amistad con JCM fue que él había nombrado como agente de Amauta a Carlos Arbulú Miranda y le recomendó que le enviara de aquí artículos y poesías de jóvenes escritores, entre esas cosas fue lo mío, entonces José Carlos me escribió para que le enviara yo directamente mis poesías, pero él ya me conocía seguramente por sus relaciones con Antenor Orrego, quien había prologado mis primeros libros de poesías. De ahí vino una larga correspondencia hasta casi su muerte; muchas cartas que él escribió se han perdido con la persecución y las actividades políticas de esa época, lo mismo que de las mías que yo le escribí sus familiares solamente han encontrado una que han publicado en el libro de Antonio Mills. Las demás se han perdido y es una pena porque era una bonita conversación la que teníamos nosotros. No lo conocí personalmente pero me trató con una familiaridad muy simpática. (…)

– ¿Y con Spelucín y Antenor Orrego mantuvo usted una relación?

– Con Spelucín y Orrego la amistad viene desde que ellos vinieron a Chiclayo una vez a ofrecer unas conferencias. Ahí nos conocimos íntimamente y después por mis colaboraciones en El Norte  de Trujillo.

– ¿Cómo conoció usted a Juan José Lora?, él se había trasladado a estudiar a Trujillo y después radicó en Lima, retornando al final de la década del 20 a Chiclayo. ¿Qué impresiones guarda de Juan José?

– Yo lo conocí a Juan José Lora precisamente en la imprenta de José del Carmen Bracamonte, porque ahí era el centro de todos los intelectuales chiclayanos. Fíjese usted, a las seis de la tarde terminaba el trabajo de la imprenta y entonces comenzaba la conversación, los comentarios de todos los días. Ahí lo conocí a JJL. Mi padre había sido amigo de su padre, del doctor Juan de Dios Lora y Cordero, cuando el doctor vino como fiscal de la Corte de Lambayeque.

– (…) Juan José era retraído o es que…

– Juan José tenía días en que era retraído y días en que era muy expansivo, tenía días en que estaba un poco malhumorado y otras veces hasta hacía chistes y se reía y festejaba. Los últimos años de su vida se normalizó más bien en su temperamento. Siempre, a los Lora, por esa inestabilidad que tenían les decían “Locos Lora”. A Juan José lo consideraban como loco. Porque a Juan José de repente lo veían ustedes bien elegante…me acuerdo mucho que llegó a Lima con un vestuario azul, con botones de nácar, muy vistoso…

– Pero JJL fue deportado en el año 1934 y la muerte de sus hijos en Chile lo hizo cambiar.

– Seguramente pues. Él vino con su señora y sus tres hijos, me parece. Él era muy cariñoso con ellos, ¡claro pues! Y lo veía en Lima cuando yo trabaja en la compañía de seguros Atlas, una vez iba con sombrero ribeteado, bastón, entonces le digo “A dónde vas tan elegante”. “Este sombrerito sólo me le pongo cuando vengo a ver a los senadores”, contestó. Es que él vendía libros y visitaba a Julio Piedra y otros senadores para venderles libros y así se ponía a tono con ellos. Después usaba una boina para caminar por la ciudad.

– Parece que la boina la usaba para cubrirse una cicatriz de la frente…

– En Trujillo, en la época de César Vallejo, Antenor Orrego, Spelucín, Esquerre, todos ellos usaban peluca ¿no? pero no tan grande como ahora. Entonces lo llamábamos los “pelucones” y Juan José también estaba allí. Pero una vez le comenzó unos dolores de cabeza terribles, entonces en el hospital Belén un médico lo vio y le dijo: “Al fin le voy a cortar el pelo a un pelucón”, y lo operó. Parece que por ese tiempo consumía drogas y un día un amigo lo llevó, pero cuando le faltó se escapó sin que le cerrara la herida, por eso le quedó una fístula ahí. Federico Chávez, en Chile, que también había sido deportado lo operó también allá pero la cicatriz le quedó para toda la vida, por eso usaba la boina ladeada sobre el lado izquierdo.

– El libro de Juan “Chiclayo de  mis amores” ¿Se extravió cuando el Club Unión y Patriotismo lo iba a publicar?

– A ese el libro le cambié de nombre tres veces: “Chiclayo de mis amores”, “Mis amores de Chiclayo”, algo así. Yo tuve los originales. Él me escribió porque quería que el club lo publicara; pero en el club todos éramos empleados, no éramos gente de dinero, no teníamos fondos. Conversando con Agustín Arbulú Neyra le dije: “¿Por qué no hacemos una cosa? Como no tenemos plata hay que publicarlo a mimeógrafo”. Yo le escribí a Juan José y él se molestó y me dijo “Hazme el favor de devolverme mis originales”. Después salió con el título de “Con sabor a mamey”… Con ese nombre lo publicó Juan Mejía Baca. Yo no sabía que había dejado a Mejía Baca el libro ya listo.

– Siguiendo con JJ, él escribió dos poemas en torno al hospital. En uno comienza diciendo “Canción de hospital / danza de moscas”, en el otro dice “Despierta el hospital con sus heridas”. ¿En qué se inspiró Juan José?

– Estaba en el hospital de Belén. Ahí sale el primer poema “Canción de hospital”, que es muy buen poema, muy significativo. El otro no es gran cosa al lado del primero.

– ¿Y el poema Esquina Siete de Enero y San José?

– Se refiere a un poste. Era un poste donde él se recostaba parea esperar a una enamorada que venía por Vicente de la Vega, por la comisaría. Él daba la vuelta y en el poste de Siete de Enero y San José la esperaba para conversar.

– Es un buen poema ¿no?

– Es muy bonito poema de Chiclayo.

– Usted ha tenido una amistad muy fraterna con Juan José desde el año en que le publicó su primer poema de juventud. Ahí él va a hacer una introducción muy admonitiva...

– Siempre fuimos muy buenos amigos. Antes de eso, cuando venía a Lima su mamá vivía en la calle de San Isidro y estábamos pues en reuniones, a veces con chicas o con otros intelectuales y yo lo acompañaba a su casa a comer, porque él comía tarde, casi siempre a las nueve de la noche terminaba de comer y salíamos otra vez a pasear.

– ¿Ha estado preso con ustedes en alguna ocasión?

– Conmigo no ha estado preso nunca. Yo he estado preso indistintamente. Él estuvo preso aquí cuando era prefecto un señor Santa María, pero él había seguido con la campaña que yo había estado haciendo y lo tomaron preso. Ahí se puso mal porque necesitaba droga, entonces esa tarde dispuso que lo llevaran al hospital en donde le pusieron morfina, pero luego el prefecto ordenó que se fuera a Lima. El prefecto también era adicto y hay pues una hermandad, hasta internacional entre ellos. Esa vez se fue por vapor, pues no había carretera, y llegando al Callao tuvo Juan José la mala suerte de tropezarse con Manuel Morante, que había sido subprefecto en Chiclayo y que estaba como subprefecto en El Callao. Lo vio, lo cogió y lo deportó a Chile.

– En el año 1934…

– Sí, pero él de aquí se había llevado una botella para curarse de la droga, que la había comprado en un fumadero de aquí Chiclayo, y que era una composición de yerbas y no sé que cosas que se tomaba por copitas. Él se fue de aquí en plan de curación porque dijo, “Si yo soy político tengo que quitarme eso porque sino es un desprestigio”. Una historia ¿no?

– O sea que él era consciente.

– Era conciente y comenzó su curación, así con una botella de remedio llegó a Valparaíso. Ahí le terminó la curación Federico Chávez, que era compañero y ya estaba deportado.

– ¿Retornó Juan José a Chiclayo solo en 1946?

– Ya entonces estaba completamente normal.

– Por otra parte, usted que fue tan amigo de Juan José Lora, en 1961 seguramente sintió el impacto cuando falleció

– Sí, yo había estado con él en Lima en dos oportunidades. Él trabajaba vendiendo libros, especialmente entre los diputados y senadores, entre ellos don Julio Piedra y distintas personas. De eso vivió, pero además también hacía unos trabajos muy lindos, unas casitas iluminadas con luz que se vendían muy bien en la casa Oeschle en Lima.

– ¿Como artesanía?

– Sí, como artesanía. Era muy curioso, tenía, fíjese usted, en su casa, un taller pequeñito con toda clase de herramientas para trabajar.

– Alguna vez me contó don Humberto Bergger, gran aprista, que Juan José Lora, estando en El Frontón preso hacía bolsas y utilizaba los picos de alcatraz como agarraderas, ¿o sea que era muy creativo?

– ¡Claro!, Hacía casas lindas para navidad y otras miniaturas, con eso vivió pues, hasta que le vino un ataque al corazón y murió. Su familia quedó en Lima, una parte se fue a Chile, la señora con dos hijos, uno creo y una hija se quedó en Lima.

– Vale la pena reivindicar a Juan José en estos momentos, publicar, por ejemplo, Con sabor a mamey.

– Sí, claro, vale la pena publicar toda su obra, incluyendo Diánidas, Lydia y Con sabor a mamey, que fue su último libro. (…)

– ¿Qué relación tuvo usted con Rafael de la Fuente Benavides, Martín Adán?

– Martín Adán nació en Lima, era hijo de Santiago de la Fuente Santolalla, primo hermano de mi papá, así que era mi primo. Con él nos conocimos en 1937 y siempre hemos tenido contacto telefónico porque no quería ver a nadie. Juan Mejía Baca, tan pronto llegaba a su librería de Azángaro, tomaba el fono y le decía: “Oye Martín, aquí está Nixa”. Así que nos poníamos a conversar con él. Esos fueron los últimos contactos que tuve con el autor de la Casa de cartón.

(*) Entrevista tomada de Nixa en el siglo. Hombres y hechos en la historia de Chiclayo (Conversaciones), de Guely Villanueva Díaz. Ediciones Acunta, Chiclayo, 1997.

Nota.- Este dialogo también se publicó, con permiso del autor, Guely Villanueva, en la revista independiente de literatura «Don Loche» N° 3, Chiclayo – Perú / Año II – No. 3 / Verano de 2004, bajo el membrete de Sindicato de Poetas sin Trabajo, Director: Nivardo Córdova Salinas.


Comentarios